¿Y ahora qué?  Transitando el tiempo del duelo

Por Claudia María Santizo.

La pérdida es un hecho. De golpe, la vida te presenta algo que no pediste o no esperabas, porque aún en los casos de una enfermedad terminal nunca estamos preparad@s para el impacto de saber que un ser querid@ ya no está.

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Se abre un periodo de crisis en el que pasamos por una variedad de sentimientos que van desde el rechazo al dolor, la rabia, la desesperanza, y todos ellos son etapas que nos ayudan a aceptar la nueva situación y a retomar la vida plenamente.

Aunque el duelo es diferente para cada persona, existen etapas por las que todas las personas pasamos:

Fase de impacto y crisis. Esta corresponde a los primeros días de la pérdida. Durante ella más que aflorar los sentimientos, es el tiempo de solucionar las cuestiones prácticas como el funeral, recibir las condolencias de las personas y actuar “como se espera que un@ deba hacerlo”. Predomina la confusión, la incredulidad, la sensación de aturdimiento. Es una etapa de shock, de embotamiento afectivo, que tiene un carácter adaptativo y retrasa las emociones más angustiosas. Se dan muchas variaciones en los estados de ánimo que pueden ir desde las más bruscas hasta las más moderadas.

 En la segunda etapa se da una turbulencia afectiva. Es cuando aflora el dolor, cualquier decisión cotidiana representa un esfuerzo grande, cualquier tarea sencilla parece imposible. El estado de ánimo oscila entre el inmenso dolor y la rabia y vienen los sentimientos de culpa: lo que pudimos haber hecho o dicho y no hicimos. Si no se trabajan estos sentimientos pueden repercutir no solo en el estado de ánimo sino hasta en la salud.woman-1006100_960_720

La tercera etapa es la de la readaptación al medio. Durante esta es básico dejarse acompañar, desahogar los sentimientos y no reprimirlos. La vida sigue su curso y el dolor no dejará de estar presente pero será menos intenso.

Cuarta etapa: recuperación y desapego. No hay un tiempo determinado para un duelo, es personal, pero podemos hablar de que se ha superado cuando los estados afectivos de la persona están más determinados por lo que pasa en su vida cotidiana que por la pérdida sufrida. Una pérdida significativa es siempre dolorosa, más aquellas como una muerte inesperada (accidentes, enfermedades fulminantes, suicidio) o por las características de la persona que fallece.

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El manejo de los sentimientos de dolor es sumamente importante durante el proceso del duelo ya que la manera en que los trabajemos harán que pueda superarse ese proceso o quede estancado provocando amargura o desinterés por la vida

No olvidemos que los sentimientos son energía, así que podemos desahogarlos, transformarlos y transmutarlos:

Desahogarlos, implica sacarlos, liberarlos por medio del llanto, hablar de ello, reír, hacer ejercicio. Que nadie te diga que no llores o no estés triste, llora cuanto quieras y necesites, es liberador.

Transformarlos, cambiarlos de forma mediante acciones y pensamientos, como por ejemplo un poema, la pintura, la música, el aprendizaje, el contacto con la naturaleza, la oración, la meditación.

Transmutarlos. Es más que transformarlos, es darles sentido, crear. A partir de una situación dramática y dolorosa de pérdida muchas personas han generado contribuciones trascendentes a la humanidad, una fundación, una institución que ayude a personas que están pasado por esa misma experiencia, etc.

Transmutar nos lleva a contactar con lo más profundo de nosotr@s mism@s. Quienes han sufrido y transmutado su dolor, resurgen renovad@s, fortalecid@s y con una gran capacidad de compasión y respeto al dolor de las demás personas. Son quienes no olvidan sus sueños, con proyectos y metas definidas para mejorar su calidad de vida, saben que lo que hacen es parte de un plan mayor y comprenden la trascendencia de lo que hacen.

En las experiencias de pérdida, cada quien decide si las usa para crecer y aprender o para amargarse. Las personas que se niegan a hacer sus duelos nunca se despiden. Despedirse no quiere decir olvidar a esa persona, es decirle hasta siempre, darle gracias por haber estado con nosotr@s, reconocer lo que nos aportó y que siga presente en nuestras vidas, viviendo y amándola en nuestro corazón y a través de nuestros recuerdos.

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Fracturas por sanar

Por Angeles Santiso

“…para que se pueda ser he de ser otro, salir de mí, buscarme entre los otros,
los otros que no son si yo no existo, los otros que me dan plena existencia…” (Octavio Paz)

Movimiento que parecía eterno, crujir de muros, corazón acelerado, manos temblorosas y después un silencio sepulcral, son parte de los recuerdos que tengo del 19 de septiembre de 2017. Como es bien sabido, en ese día la tierra hizo acto de presencia por medio de un sismo que, aunque no dejó consecuencias tan graves como el de 1985, de todas maneras dejó saldo de personas muertas y heridas, así como pérdida de bienes.

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Al ocurrir un evento traumático como un desastre natural, se declara un estado de emergencia que implica dar respuesta efectiva para restablecer el orden lo más rápido posible, así como dar apoyo a quien lo requiera. Mucho se ha hablado de las diversas experiencias de solidaridad y organización inmediata de la sociedad civil para apoyar al Estado en dichas tareas tanto en el sismo del ´85 como en el llamado S19, lo cual nos llena de orgullo y gratitud.

Lo que sigue al estado de emergencia es la fase de reconstrucción: se rescata lo rescatable, se provee a la gente de lo que necesita para su subsistencia, se rehabilitan los servicios básicos como asistencia médica y agua potable -entre otros-, se organizan albergues, etc. El objetivo es devolver a la población el equilibrio en el que vivía y tomar medidas preventivas para protegerla ante la posibilidad de otro suceso parecido.

El problema que enfrentamos -y seguramente otros pueblos también- es que después de la “reconstrucción” faltaría la transformación social. A decir de Sonia Pérez[1], los desastres debieran considerarse socionaturales, puesto que “lo que se reconstruye es la ciudad y lo que tenemos que reconstruir sobre todo son proyectos de vida de comunidades enteras, estilos de vida, formas de trabajar, formas de ser y hacer”. Lo que hace social un desastre es que se pone en evidencia carencias que se tenían desde antes como el formar parte grupos en situación de pobreza, mala infraestructura, ausencia de redes de apoyo y organización social.

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Sin embargo, a lo dicho se suma el impacto psicológico que se vive en tales circunstancias, que podemos catalogar como trauma. Con el S19, no perdimos solamente una vivienda o un edificio; perdimos seres queridos, perdimos paz, estabilidad emocional, empleos y medios de vida, perdimos fe en quienes nos engañaron con noticias falsas, perdimos lo intangible. La transformación social no implica solamente organizarnos mejor por si hay otro sismo, o participar de los simulacros de repliegue y evacuación. La transformación social también involucra aprender a elaborar el trauma, así como comprender y tolerar a quienes siguen manifestado miedo.

Cuando se han vivido pérdidas importantes y eventos traumáticos, se puede presentar lo que se conoce como Síndrome del aniversario que no es otra cosa más que notar cambios en nuestro estado de ánimo en relación con tales sucesos. En el macro simulacro organizado el día de ayer, mucha gente experimentó intranquilidad y miedo, y por supuesto, tristeza y dolor por lo perdido. Es la segunda vez que un 19 de septiembre implica un duro golpe para nuestro país, pero no falta quien piensa que todo debería haberse superado, que es absurdo y pueril mostrar vulnerabilidad, que ya no debemos llorar, que ya no debemos sentir miedo.

Elaborar el trauma depende de diversos factores, entre los que se encuentran las circunstancias sociales específicas de cada persona, su capacidad de resiliencia, la red de apoyo con la que cuenta, así como las decisiones del Estado, por mencionar algunos. Elaborar el trauma implica darle algún tipo de significado a la experiencia y lograrlo, no es tarea sencilla sobre todo cuando no se tiene el apoyo psicológico adecuado.

Somos un pueblo solidario; hemos dado muestra de ello. Es tiempo de dar un paso más y aprender que llorar no es de “mariquitas”, que sentir miedo es una respuesta natural ante el peligro, que todas las personas somos vulnerables en alguna situación, y que cada quien tiene un tiempo para recuperarse de las fracturas que a veces no nos dejan de doler.

[1]  Investigadora responsable suplente del Centro de Investigación de Vulnerabilidades y Desastres Socionaturales (CIVDES) y académica de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Chile.

Procrastinación… ¿por qué no hoy?

Claudia María Santizo

Como muchas personas, frecuento las redes sociales que para mí son un medio de diversión, como el recreo en donde cuentas chistes y estás en contacto con las amistades; también para compartir temas que nos interesan y claro, las frases que nos gustan, nos motivan y que no necesariamente tienen que ver con nuestra situación sentimental o laboral, pero que muchas veces son inspiradoras. La mayoría de estas frases hablan de tomar decisiones, dejar el pasado atrás, perseguir tus sueños y sigue la lista, muy lindas pero ¿qué sentido tienen si sólo se quedan en una imagen y palabras bonitas?

¿Por qué nos persigue el demonio de la procrastinación? La procrastinación en su definición es la acción o hábito de retrasar actividades o situaciones, y como raíz de este comportamiento están el dolor, la incomodidad o el temor que se asocia con el cambio, la ansiedad que provoca una tarea pendiente y la falta de voluntad para realizarla y rehuir al trabajo que implica, de manera que se pospone a un futuro.

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Procrastinamos tanto para la cita con el dentista, llevar el auto al taller o como para las grandes decisiones, como el estado de vida, la profesión, los actos que afectan nuestra salud o nuestro bienestar emocional. Pensamos frecuentemente que mañana será un mejor día para hacerlo, o que no estamos list@s para determinada acción y pasamos por tres etapas: la primera que es la incomodidad que representa esa actividad o decisión; la segunda, de “ocupación” en otras actividades que tal vez no sean tan importantes pero que resultan en la tercera que es la justificación para no realizarlas diciendo cosas como “no tuve tiempo”, “no es el momento”, etc.

La procrastinación nos hace movernos en un entorno de ansiedad, stress y hasta depresión. Un estudio de la Universidad de Calgary hace referencia a que el valor que le concedemos a terminar un trabajo es inversamente proporcional a la inmediatez, de manera que las tareas que queremos que se lleven a cabo mejor, frecuentemente son las que dejamos para más adelante. No es pereza, en cierta manera hablamos de perfeccionismo. Queremos que algo salga tan bien, que el resultado sea el deseado y esperamos a que todas las condiciones se den para avanzar.

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Alguien me dijo: “Si vas a esperar a estar lista, nunca lo vas a hacer ¡házlo!“ Y creo que es uno de los mejores consejos que me han dado. El salir de la zona de confort (que no necesariamente es agradable) y dar paso a la acción, genera los cambios.

“Aplazar una cosa fácil, hace que sea difícil. Aplazar una cosa difícil la hace imposible”

George Claude Lorimen.

Procrastinar es enemigo de la productividad. La justificación natural es no tener tiempo o no estar list@ para hacerlo. Pero hay muchas herramientas que nos pueden ayudar para dejar de procrastinar. Algunas de ellas son:

  • Si tienes que realizar una actividad que te tomará menos de 15 minutos, hazla ya.
  • Si tienes temor a realizar una tarea, da el primer paso y trabájala por cinco minutos, eso vence la resistencia y generan la inercia para continuar el trabajo.
  • Las rutinas simplifican tu vida. Organiza el tiempo entre lo que es urgente y lo que es importante.
  • Toma al menos una decisión al respecto y ponla en marcha.
  • Aprende a decir no. No aceptes compromisos que después pospondrás por no saber decir que no.

Y la lista sigue … pero lo más importante es: ¡Empieza ya! Aplica para el trabajo, la salud y la toma de decisiones de vida.

Feliz toma de decisiones y acciones. Hoy.

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Cuando el corazón late y los ojos se cierran

Por: Nadia Sierra Campos

Dicen por ahí que nadie tiene la vida comprada y eso es una realidad inevitable ya que en algún momento todas las personas dejaremos de habitar el mundo terrenal; sin embargo, cuando se está en la plenitud de los años (los que sean), gozando de mediana salud, con los planes puestos sobre la mesa y sobreviene un incidente, ese instante de despedida puede adelantarse.

Ya sea una enfermedad o un accidente programarán el tiempo previsto para “colgar los zapatos”; habrá quien me diga en medio de las frases que “nadie se pasa de la raya” o que “cuando te toca, aunque te quites y cuando no, aunque te pongas”. El punto es que quiero platicarles del momento de morir cuando el corazón aún late pero el resto del cuerpo ya no reacciona, me refiero a la muerte cerebral o encefálica, donde irremediablemente prolongar la vida de la persona resulta infructuoso porque no volverán a conectarse mente y cuerpo.

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Al suceder estos casos clínicos lo que se sugiere es brindar vida a otros a partir del cuerpo de quien se va, es decir, la donación de órganos. Si bien también existe la donación entre vivos, en esta ocasión quiero sólo referirme al primero de los casos.

Todos los días, personas de todas las edades se convierten en receptores y donantes de órganos o tejidos. Las vidas de ambas partes se transforman: las familias de quienes donan convierten la pérdida en esperanza y quienes reciben transforman la angustia en una nueva oportunidad.

De acuerdo al Centro Nacional de Transplantes[1], en los últimos cinco años México ha cambiado la cultura de donación de órganos, pues hasta 2012 de cada 10 mexicanxs 7 estaban en contra de la donación; en la actualidad esa percepción se ha revertido y ahora 7 de cada 10 están a favor de la donación. Respecto a la cantidad de donaciones y transplantes, en ese mismo año había una tasa nacional de donaciones de 3.7 por cada millón de habitantes, mientras que el año pasado la tasa aumentó a 4.5 por cada millón de habitantes, siendo Aguascalientes, Ciudad de México, Sonora, Guanajuato y Querétaro las entidades federativas con tasas más altas.

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Pese a estas cifras esperanzadoras, aún se necesita fomentar y propiciar una cultura de la donación, pues no existen suficientes órganos para atender al amplio número de población que necesita un órgano para trasplante; de acuerdo al Centro al día de hoy existen más de 21 500 personas en lista de espera.

En la donación, como acto altruista que es, la buena voluntad es el principal insumo. Y sólo para invitarte queridx lector/a a anotarte como donador/a, una información útil que puede impulsarte o sacudirte los temores:

– Todas las personas, sin impotar la edad, pueden manifestar su compromiso con la donación inscribiéndose como donantes y recibiendo su tarjeta. En el caso de niñas, niños o adolescentes se requiere de la autorización de quiene ejerce la patria potestad o tutor.

– La aptitud de una persona para donar se determina en el momento de la muerte, depende de la condición física de la persona y de sus órganos.

– Por lo general, la donación total del cuerpo no es una opción si se elige ser donante de órganos y tejidos, y para tal caso existen algunas escuelas médicas y organizaciones de investigación que quizás aceptan un donante total para fines científicos.

– Ocho órganos vitales pueden donarse: corazón, riñones (2), páncreas, pulmones (2), hígado e intestinos. Las manos y el rostro se agregaron a la lista recientemente. En cuanto a los tejidos son la córnea, piel, válvulas coronarias, huesos, vasos sanguíneos y tejido conjuntivo lo que puede servir para donación. Y también la médula ósea y células madre, sangre del cordón umbilical, células madre de sangre periférica. Como ves, es mucho de ti lo que puede servir a otrx.

– El costo de la intervención quirúrgica para el transplante no corre por cuenta de tu familia, sino del hospital o de la familia que será la receptora.

– Puedes obtener tu registro y tarjeta de donante en la página http://www.gob.mx/cenatra o llamando al 01 800 201 7861 y 62

– Si no haces el registro no te preocupes, con que manifiestes a tu familia, amigxs o conocidxs tu deseo de donar órganos a tu muerte, alguien hará saber tu voluntad.

No tenemos plena seguridad de que existe un “más allá” o que “hay vida después de la muerte” pero lo que sí te puedo garantizar es que si tus ojos se cierran y tu corazón late alguien más tendrá otras oportunidades de transitar y disfrutar.

Cada día es un placer y esta es la certeza que tienes cuando donas.

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Referencia:

[1] Sitio web http://www.cenatra.salud.gob.mx/interior/trasplante_estadisticas.html, consultado el 15 de agosto de 2018.

¿De baby boomers a centennials?

Por: Laura Téllez

Trabajar día a día en un ambiente laboral puede llegar a ser extenuante, pero adicional a una jornada laboral y todo lo que conlleva, podemos encontrar en dichos ambientes laborales diferentes tipos de pensamientos, ideas y actitudes. Pero ¿realmente estamos preparad@s para esto? ¿Por qué a veces puede ser tan fácil o complicado interactuar con alguien que es diferente? ¿Acaso nos hemos cuestionado si realmente puede influir la edad en ello? Me parece que sí.

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Hoy en día es un factor sumamente importante el hecho de convivir con otras personas que no sólo son de otras áreas o puestos, sino que además en ocasiones nos doblan la edad o son muchísimo menores. Y muchas veces hemos criticado esto y despotricado contra el hecho de trabajar con alguien que piensa similar a tu padre, o se comporta como tu hermana o tu sobrino. Existe una clara y marcada diferencia de las personas que nacieron hace varias décadas y de las que no, quienes se han dedicado a estudiar la diversidad generacional proponen 4 generaciones y sus características más sobresalientes, que son:

Baby boomers (1941-1960 aprox.)  El nombre de esta generación refiere al “Baby boom” por el repunte en la tasa de natalidad de esos años. Les marcaron eventos como la Segunda Guerra Mundial, la lucha por los derechos civiles y la liberación femenina. Sus principales conductas laborales van enfocadas a sólo trabajar; generalmente creen firmemente que a base de esfuerzo obtienen un estatus adecuado. Suelen ser personas rígidas, conservadoras, apegadas a jerarquías y muy difícilmente cambian sus puntos de vista.

Generación X (1961-1981 aprox.) A esta generación se le llama de varias formas; las más populares son generación MTV y generación Jones, haciendo alusión al deseo de ser “alguien” en la vida. Muestran responsabilidad, compromiso y preocupación por el mundo. Saben trabajar en equipo y fomentan relaciones laborales de confianza; la mayoría se criaron en casa y respetan líneas jerárquicas.

Generación Y o Millenials (1980-2000 aprox.) Buscan que quienes tienen roles de liderazgo en las organizaciones les formen como personas y sean sus guías a lo largo de su carrera profesional. Pretenden constante reafirmación de su ser y de sus capacidades. Ven a la generación precedente como adictos al trabajo y tienden a priorizar el equilibrio entre lo laboral y lo personal.

Generación Z o Centennials (1995 a la actualidad) Es la generación que pronto se insertará al mundo laboral o que empieza a hacerlo; también se le llama iGen o generación net. Esta es la generación donde impera la imagen, no es raro que sea la generación de los Youtubers, de los emojis, de los memes. Son “multitask” o multitarea, les gusta la inmediatez por lo que son algo impacientes. Rápidamente ponen un tema de moda, lo comparten, lo viralizan, ríen, y pasan rápidamente a un nuevo tema.

¿Pero todas estas clasificaciones a que nos conducen? Nos conducen comprender mejor un mundo en donde interactuamos con diversas personalidades; estas clasificaciones sólo deberían existir de manera informativa, no limitativa para nuestra interacción. Pertenecemos hoy a un mundo tecnológico que nos enseña día a día que las cosas no son estáticas y donde debemos tener tolerancia y estar abiertos a nuevas ideas ya que así es como la humanidad va aprendiendo de su entorno y de sus pares.

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Creo firmemente que una persona que ha trabajado en una oficina y que tiene una experiencia de vida de más de 25 años puede enseñarte lecciones muy valiosas, pero también lo puede hacer un chic@ que a lo más lleva dos meses en el mercado laboral. Hoy no podemos seguir pensando que tod@s l@s millenials son floj@s o que tod@s l@s baby boomers son un@s tiran@s. En lo personal les puedo compartir que me he dado la oportunidad de compartir experiencias con todas las generaciones y cada una me ha aportado algo, desde aprender cosas que me hubieran tomado por lo menos 10 años más de experiencia hasta algunas que ya no me son tan familiares como las aplicaciones, tendencias en las redes, influencers, etc. Cada que me es posible y dada mi profesión, trato de derrumbar las barreras que un sistema estereotipado a veces nos impone como la edad, el género, la religión, la cultura, etc.  y me doy cuenta de que cada persona puede contribuir a lo mismo en cualquier lugar.

 

Referencias:

Felipe Fuentes, Andrés (2018) Question Pro.  Las 4 generaciones en el trabajo, de Baby Boomers a Centennials. Disponible en: https://www.questionpro.com/blog/es/las-4-generaciones-en-el-trabajo/

López, Zyanya (2017) Expansión.  7 Cosas que quieren los milennialls en el trabajo. Disponible en: https://expansion.mx/carrera/2017/08/29/7-cosas-que-quieren-los-millennials-en-el-trabajo?internal_source=PLAYLIST

 Shutterstock (2017)Noticias Universia. Centenialls: características principales de la nueva generación. Disponible en:  http://noticias.universia.es/cultura/noticia/2017/03/28/1150982/centennials-caracteristicas-principales-nueva-generacion.html

 

Entre hornos y batidoras

Por: Claudia María Santizo.

Este no es el Día de la Mujer, ni el Día de las Madres, y precisamente por eso me parece una ocasión ideal para honrar a las mujeres que luchan por ser la mejor versión de si mismas.

En el curso de repostería al que asisto llegamos cada tarde mujeres muy diferentes y, al mismo tiempo, con un mismo objetivo: dar lo mejor.

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La que tiene una hija con Síndrome de Down y decidió criarla igual a que a sus otr@s hij@s, siempre con la sonrisa bien puesta y ocupando todas las herramientas a su alcance para que crezca feliz.

La que agradece el haber crecido dentro de una familia con recursos limitados pero que disfrutó su infancia al máximo.

La que no se rinde y va por su segundo intento para estudiar una carrera profesional.

La que no quiere dejar de aprender.

La que busca un mejor futuro económico para su familia.

La que con su risa nos hace la tarde.

La que quedó viuda a los veintitrés años y sacó a sus hij@s adelante sola.

Clara, la que nos comparte sus conocimientos y también sus experiencias de vida.

Acremando mantequilla, así de suavecito empiezan a fluir las palabras, las anécdotas, los recuerdos  y te das cuenta que lo que todas estamos persiguiendo es lo mismo, superarnos y dar una mejor vida a nuestras familias.

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Vivimos en un sistema social en el que aunque hay avances, todavía existe mucha desigualdad, donde la labor de jefa de familia no se aprecia, no se remunera y en la mayoría de los casos tampoco se agradece.

En la que las oportunidades de emprender un negocio propio son pocas.

En el que generalmente laborar fuera del hogar implica doble esfuerzo, ya que la mujer que trabaja rara vez cuenta con el apoyo de la pareja para compartir la responsabilidad del cuidado de l@s hij@s…

Pero nada de eso nos impide seguir hacia adelante y tomar cada oportunidad que se presente, por pequeña que parezca, poniendo la mira en la superación personal. Y es en estos grupos de mujeres con objetivos claros, donde se desarrolla uno de los valores más hermosos, la SORORIDAD, el apoyo mutuo de las mujeres.

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Esa hermandad que nos anima a luchar por nuestros sueños, en la que nos abrazamos físicamente y también con el alma.

Esa chispa que prendemos entre todas para generar el fuego que nos da energía para seguir adelante.

Sin mayores pretensiones, el lazo que se crea compartiendo nuestras experiencias, sin juzgar, sin querer cambiar a nadie, solamente aceptando quiénes somos, de dónde venimos y animándonos a dar lo mejor.

Qué importante cultivar este valor en nuestros tiempos: mujeres que hacen fuertes a otras mujeres y las ayudan a lograr su empoderamiento.

Una dosis de amistad para tu salud

Por: Eurípides Blue

“El ser humano es un ser social por naturaleza, y el insocial por naturaleza y no por azar o es mal humano o es más que humano”
Aristóteles

Mi abuelo decía que el mejor amigo era un cinco en el bolsillo, que los amigos si es que existían se contaban con los dedos de la mano y regularmente te sobrarían dedos en dicha tarea. Probablemente mi abuelo no tuvo la suerte de conocer o crear vínculos estrechos con otras personas a tal grado de considerarlos sus amigos o, en mi caso, mi familia por elección.

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La amistad es un proceso complejo donde la ciencia todavía tiene mucho por descubrir. La RAE define amistad como: afecto personal puro y desinteresado, compartido con otra persona, que nace y se fortalece con el trato. Y es que para hacer amigos es necesario invertir tiempo. Un estudio publicado en el Journal of Social and Personal Relationships, señala que se requieren entre 40 y 60 horas para considerar a alguien como un amigo casual, y entre 80 y 100 horas para considerarse como un simple amigo, pero para  los que se reserva un espacio especial y se consideran como amigos entrañables es necesario  dedicarles más de 200 que sería el equivalente a 8 días de nuestra vida.

Pero ¿de qué depende que tomemos en cuenta a una persona como nuestr@ amig@? Un estudio de los mecanismo cognitivos subyacentes a la amistad de la Universidad de Pensilvania, refiere que “puntuamos” a nuestras amistades en la forma en que creemos que estas nos “clasifican” a nosotr@s, es decir,  elegimos a  personas con la capacidad de apoyarnos en caso de presentarse algún conflicto y también a partir de que ell@s consideren que nosotr@s “saldremos al quite” en caso de requerirlo. Lo curioso es que cuando se crea un fuerte vínculo de amistad la gente no lleva la cuenta exacta de los bienes dados y recibidos, inclusive se comprobó que la gente parece ayudar a sus amigos, aun cuando sea improbable que les devuelvan el favor. En pocas palabras gustamos de aquellas personas que cuidan de nosotr@s y solemos cuidar de l@s amigx@ como si fueran una extensión nuestra.

Sumado a lo anterior, el plus que obtenemos de una amistad es que socialmente nos brindan una visión distinta a la nuestra, que a su vez  fomenta la empatía, la apertura a nuevas experiencias y pensamientos.

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¿No les ha pasado que un día una nube gris se posa sobre sus cabezas y una serie de eventos desafortunados no paran de presentarse, pero de la nada se aparece esa persona que con su particular humor, ocurrencias y paciencia nos patea fuera de ese estado de malestar aunque nos resistamos a salir de ahí? Y es que los amigos son beneficiosos para la salud,  aquellos considerados como amiguer@s  tienen mayor actividad de endorfinas (sustancia del  cerebro que entre otras cosas alivia el dolor y da bienestar). Un dato importante es que la promoción de amistad entre adolescentes reduce la depresión y duplica la posibilidad  de recuperarse de esa afección aumentando las posibilidades de recuperación de infarto de miocardio; por el contrario, aquellas personas que  no tienen conexiones sociales, en la vejez duplican el riego de presión arterial alta.

Además, la amistad puede ayudar a cambiar hábitos poco saludables (como beber en exceso o el sedentarismo), a lidiar mejor con los traumas como cuando terminas una relación amorosa o cuando pierdes el empleo o un familiar fallece.

L@s amig@s en el trabajo impulsan la productividad y sientan las bases de lo que se conoce como “felicidad laboral” que incrementa la satisfacción profesional en un 50%  según reporta una encuesta de Gallup hecha en  2013. Pero no todo es color de rosa; según un estudio realizado por Linkedin, un 68% de los nacidos a partir de 1980 sacrificarían una amistad por un ascenso.

Y para los que creían que lazos fraternos son una cuestión social déjenme decirles que se generan también por una cuestión  de marcadores genéticos. Se descubrió que si bien l@s amig@s no comparten un código genético directo, sí tienen patrones genéticos similares como los que poseen el gen del alcoholismo (DRD2), que tienden a juntarse.

Y sin que suene a cliché, soy de las personas que disfruta enormemente una salida con mis amig@s donde la conversación y las risas son las protagonista mientras bebemos unas cervezas. Cuando comparto con mis amistades me hallo en otra sintonía, veo la vida de otros colores, saboreo las experiencia con mayor perspectiva, escucho a otr@s con mi discurso en su legua, desmenuzo sus ideas que compaginan o se contraponen a las mías, me convierto en una alienada que poco teme al ridículo o al absurdo.
Lo que me ha dictado la experiencia es que la amistad no solo es un valor que se cultiva, es una forma de generar redes donde la aceptación, empatía y el respeto son primordiales para que esta se fortalezca.

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Referencias

Cuánto tiempo se tarde en hacer un amigo
Disponible: http://www.lavanguardia.com/vivo/20180402/442140248223/cuanto-tiempo-tarda-hacer-un-amigo.html

Nueva hipótesis  explica la amistad entre humanos.
Disponible en: https://www.tendencias21.net/Nueva-hipotesis-explica-la-amistad-entre-humanos_a3378.html

Qué dice la ciencia sobre la amistad.
Disponible en: http://contenido.com.mx/2016/05/que-dice-la-ciencia-sobre-la-amistad/

La amistad tiene una base genética.
Disponible en: http://www.bbc.com/mundo/noticias/2011/01/110118_genes_amistad_men

Los amigos te hacen más feliz y eficaz en el trabajo.
Disponible en: http://www.expansion.com/2013/08/02/emprendedores-empleo/desarrollo-de-carrera/1375463553.html

La ciencia de la amistad.
Disponible en: https://gerryvelasco.wordpress.com/2017/04/20/la-ciencia-detras-de-la-amistad/

 

La Gratitud: una opción ante la adversidad

Por: Cinthia Godínez.

“La gratitud no es solo la más grande de las virtudes,

sino la madre de todas las demás.”

Cicerón

Por más que nos esforcemos en evitar todo tipo de dificultades tarde o temprano se presentan situaciones complicadas, como los últimos meses lo fueron para todos en la Ciudad de México. Sé que es parte de la vida y si lo asumimos como un aprendizaje, quizá nos va haciendo madurar y crecer. Lo fundamental es tener presente que la mejor manera de superar la adversidad es enfrentarla con una actitud positiva. Es verdad que hay ciertas circunstancias más dolorosas o difíciles que otras, y que hay momentos en que antes de poder superar la adversidad debemos pasar por un proceso interno de aceptación o, en algunos casos, de duelo o enojo.

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Sin embargo, hoy comparto una opción que en lo particular me está funcionando y con la que me siento bien, ese bien que permite avanzar y no estancarnos en una adversidad. Cada quien encuentra la mejor manera de superarla de acuerdo a su personalidad, su experiencia de vida, y sus recursos emocionales y psicológicos, sólo es mi intención compartir la acción de agradecer como parte de la vida, con el objetivo de encontrar un bienestar emocional que permita seguir caminando.

La palabra gratitud procede del latín gratitūdo y, según la Real Academia Española, es “el sentimiento que nos obliga a estimar el beneficio o favor que se nos ha hecho o ha querido hacer, y a corresponder a él de alguna manera.” (Diccionario de la lengua española, 2017)

Gratitud, es algo que sentimos y que además nos impulsa a la acción. A través de ella, reconocemos las cosas buenas de nuestras vidas, ya sean intangibles o tangibles, y actuamos en consecuencia. Pero además de un estado temporal, también es un rasgo de carácter y ser una persona agradecida equivale a sentir más satisfacción con la vida.

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La ciencia ha demostrado que se recuerdan los momentos emotivos, y que nuestra memoria selectiva prefiere los buenos momentos, es decir, las cosas buenas que nos pasan. Y precisamente, la gratitud es una de esas emociones positivas cuya práctica reporta numerosos beneficios a nuestro cuerpo y a nuestra mente, haciéndonos más felices y con más salud. (Malmierca, s.f.)

Por otro lado, está la Psicología Positiva que es el estudio científico de las bases del bienestar y de la felicidad, así como de las fortalezas y virtudes humanas. Su principal objetivo es desarrollar aspectos como la gratitud, el optimismo, o el amor, y aprender a identificar y conocer los factores que permiten sacar el máximo partido a la vida y las competencias para vivirla más satisfactoriamente, tema que próximamente ampliaré. (UNIVERSIDAD TECMILENIO, 2018)

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Mientras tanto ¿cómo podemos empezar a practicar la gratitud? Les comparto una alternativa que ha funcionado en mi vida, que es elaborar un diario de agradecimiento con estas sugerencias:

  1. Usar un cuaderno sólo para este fin.
  2. Cada mañana al levantarse, reserven un minuto para escribir dónde les gustaría centrar su gratitud ese día. Después de eso, cierren los ojos y siéntense por un momento para enfocarse en esa cosa o persona de una manera positiva. Ese sentimiento es gratitud, y una vez que lo sientan, respiren profundamente, dejen que se manifieste y anótenlo.
  3. Por la noche, anoten en tu diario tres cosas por las que sienten agradecimiento, que hayan sucedido durante ese mismo día.
  4. Dense la oportunidad de agradecer y permitan fluir los acontecimientos o adversidades porque existirá una razón por la que se presentan; no te estanquen en preguntar por qué o para qué sólo muestren gratitud ante ello y actúen.

La gente que expresa frecuentemente gratitud tiene la posibilidad de mejorar su salud, vive con más optimismo y bienestar, ayuda más a otras personas y avanza más para conseguir sus metas. (Crumpler, 2000) Así que les invito a ponerla en práctica.

Referencias

Crumpler, R. A. (2000). Gratitude as a Human Strength: Appraising the Evidence . Journal of Social and Clinical Psychology, 19(1), 56-69. Recuperado el enero de 2018, de https://doi.org/10.1521/jscp.2000.19.1.56

Diccionario de la lengua española. (2017). Gratitud. Recuperado el enero de 2018, de http://dle.rae.es/?id=JVGPp68

Malmierca, T. (s.f.). Gracias: el poder del agradecimiento para el bienestar. Obtenido de Hacer familia: http://www.hacerfamilia.com/psicologia/gracias-agradecimiento-gratitud-educar-valores-virtudes-valores-20170206124728.html

UNIVERSIDAD TECMILENIO. (enero de 2018). De que se trata la Psicología Positiva. Obtenido de Instituto de Ciencias de la Felicidad.: http://cienciasdelafelicidad.mx/acerca-de/psicologia-positiva

 

La empatía como camino hacia la inclusión

Por: Antonio Morales

La exclusión social es un concepto de connotaciones negativas, en términos de aquello de lo que se carece y se necesita, es decir, nos referimos a aquellas situaciones en la cuales se produce una falta o ausencia de algo que resulta casi imprescindible para la vida integrada de los seres humanos. Por lo tanto, su compresión total sólo es posible en función de la otra parte de la polaridad conceptual de la que forma parte, de su referente alternativo: la idea de inclusión. La exclusión social implica, en su raíz, una cierta imagen dual de la sociedad, en la que existe un sector integrado y otro excluido. Forman parte de una dialéctica inclusión-exclusión (Checa Olmos & Arjona Garrido, 2005).

Un enfoque inclusivo pretende valorar la diversidad como un elemento enriquecedor del proceso de enseñanza-aprendizaje y, en consecuencia, favorecedor del desarrollo humano. Inclusión implica una actitud y un compromiso con un proceso de mejora permanente; conlleva el esfuerzo de análisis y reflexión de culturas, políticas y prácticas educativas, así como la identificación de barreras y objetivos de mejora. Avanzar en inclusión es avanzar en actitudes de respeto, tolerancia y solidaridad; es aprender a convivir conviviendo.

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Para hacer realidad estos objetivos, y no se queden sólo en buenos deseos, es precisa la información, sensibilización y mentalización de todos los agentes de la comunidad educativa, incluidos los estudiantes. Por este motivo, es importante que los docentes asuman la responsabilidad de formar en la diferencia. Las diferencias encierran grandes oportunidades de aprendizaje, puesto que constituyen un recurso gratuito, abundante y renovable. De esta manera, se podrá reconocer la diversidad como una oportunidad para enriquecer las interacciones y los aprendizajes. Es necesario “socializar la diferencia” a partir de información y de ejemplos adecuados para la interacción (FEVAS, 2012).

La integración educativa y social se acompaña de un proceso constructivo de condiciones favorables para las personas que lo requieran, pero no es necesario esperar que todas estas condiciones estén dadas para realizarla. Su construcción es gradual como parte de ese mismo proceso, donde la transformación de las representaciones sociales es fundamental, entre ellas, el reconocimiento de sus derechos, y procurar el cumplimiento de los objetivos generales de la educación tendientes a desarrollar las posibilidades del sujeto acorde a las transformaciones sociales, culturales y políticas. La transformación de las actitudes sociales en sentido positivo, facilita la inserción de la persona con discapacidad y sin discapacidad en el mundo social y laboral (Santori de Azocar, 2010).

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Tony Booth y Mel Ainscow (2002), con la publicación de Index for Inclusion, sentó las bases teóricas y prácticas para mejorar la inclusión en el sistema educativo del Reino Unido y el Consorcio Universitario para la Educación Inclusiva adaptó el documento al sistema educativo español. El Index for Inclusion propone un procedimiento para la creación y auto-evaluación de las tres dimensiones básicas de una educación inclusiva, que son:

à  Creación de culturas inclusivas. La cultura está compuesta por los principios y valores que guiarán las decisiones y actuaciones cotidianas de toda la comunidad educativa y que se transmitirán a los nuevos miembros. Ha de orientarse a la creación de una comunidad escolar segura, acogedora, colaboradora y estimulante en la que cada alumno es valorado, para que todos tengan mayores niveles de logro (Booth & Ainscow, 2002).

à  Elaboración de políticas inclusivas. La cultura inclusiva del centro ha de concretarse en políticas específicas que articularán a su vez las prácticas o actividades de apoyo dirigidas a atender la diversidad del alumnado (Booth & Ainscow, 2002).

à  Desarrollo de prácticas inclusivas. Dichas prácticas han de reflejar la cultura y políticas inclusivas, de forma que las actividades del aula y las extraescolares motiven el aprendizaje activo de todo el alumnado (Booth & Ainscow, 2002).

La formación de los formadores en educación requiere la adquisición de los conocimientos y habilidades para trabajar con estudiantes diversos y desarrollar competencias con un enfoque inclusivo en la formación, donde se analice la práctica y los contextos. Y además que el docente investigue, documente, sistematice y evalúe sus procesos y resultados (Santori de Azocar, 2010).

El principal reto para poder trabajar con la diversidad en cualquier acción educativa estriba en identificar las diferencias de los estudiantes para poder incluir e integrar. Desde un punto de vista educativo, la atención a la diferencia tiene por objeto garantizar una educación de calidad para todas las personas. Es debido a esto que es importante considerar que cada estudiante es y aprende de forma distinta, por eso se debe diseñar contextos e intervenciones adecuadas a todos los estudiantes atendiendo a sus procesos cognitivo-actitudinales, intereses, expectativas, niveles de acceso, identidades culturales, etc. Es decir, la intervención distinta debe ser la norma porque cada estudiante es y aprende de manera diferente.

Referencias

Booth, A., & Ainscow, M. (2002). Index for Inclusion: developing learning and participation in schools. London: CSIE.

Checa Olmos, J. C., & Arjona Garrido, Á. (2005). Factores que determinan el proceso de exclusión de los barrios periféricos: el caso de “El Puche”. Scripta Nova.

FEVAS. (2012). Guía de Materiales para la Inclusión Educativa: Discapacidad Intelectual y del Desarrollo. España: Federación Vasca de asociaciones en favor de las personas con discapacidad intelectual.

Santori de Azocar, M. L. (2010). Discapacidad y Representaciones Sociales: De la Educación Especial a la Educación Inclusiva. Argentina: San Juan: Universidad Nacional de San Juan.

El descanso: una necesidad poco valorada

Por: Verónica Estrada

Actualmente, no es raro escuchar entre familiares, amistades o pareja, frases como “estoy muy ocupadx”, “no tengo tiempo”, “tengo muchas cosas que hacer”, pues las exigencias laborales y personales, sumadas al ritmo de vida acelerado en el que nos encontramos en las grandes ciudades, nos limitan para gozar de un descanso apropiado que nos permita recuperarnos física y mentalmente, salvo en las tan anheladas vacaciones que para muchxs, se restringen a un par de días por año y que por supuesto no siempre son suficientes para emprender acciones que ayuden a reponer fuerzas y despejarse totalmente de la cotidianidad.shoes-1245920_960_720

Además, hoy en día las jornadas laborales son extenuantes lo que implica que, en muchas ocasiones, se labore más de 8 horas diarias, más el tiempo de traslado de casa-trabajo-casa, prácticamente no hay el suficiente espacio para reposar. También ocurre que el trabajo se prolonga hasta los fines de semana, para quienes supuestamente gozan de sábado y domingo para descansar. Y qué decir de los compromisos familiares y sociales, así como las actividades del hogar que se tienen que cumplir, por lo que nuevamente el tema del descanso queda a un lado y se considera un “lujo” al que no todxs pueden acceder.

Pero ¿qué factores están influyendo para que el tema del descanso se tome como una necesidad secundaria? Inicialmente, debemos revisar qué es y qué implica el descanso. El descanso puede definirse como un estado de actividad mental y física reducida, que hace que la persona se sienta fresca, rejuvenecida y preparada para continuar con las actividades cotidianas. Asimismo, el descanso no es simplemente la inactividad, pues requiere tranquilidad, relajación sin estrés emocional y liberación de la ansiedad, es decir, la persona que descansa se encuentra mentalmente relajada, libre de ansiedad y físicamente calmada.

Ahora bien, el significado de descanso varía de acuerdo a cada persona, pues cada una tiene hábitos personales distintos para descansar como pueden ser leer, realizar algún tipo de ejercicio (incluyendo de relajación), dar un paseo e incluso dormir. Aún con los diferentes enfoques personales, podemos identificar algunos factores en común que ayudan a que las personas descansen:

– Cuando las personas sienten que las cosas están bajo control, libres de preocupaciones.

– Están libres de irritaciones o molestias.

– Realizan un número satisfactorio de actividades concretas.

– Saben que recibirán ayuda cuando lo necesiten.

– Comprenden lo que ocurre a su alrededor.

– Cuando existe comodidad física.

– Sueño suficiente y de “buena calidad”.

El descanso no solo implica inactividad o dormir, sino aprovechar nuestro tiempo libre en acciones que favorezcan un verdadero recreo. No obstante, en nuestra sociedad y cultura- que se encuentra permeada por el consumismo- poco se permite descansar, pues nos centramos más en la productividad que en la calidad humana. Generalmente se toma al ocio como algo negativo y se reprocha con frases como “la ociosidad es la madre de todos los vicios” o “deja de estar de ociosx y ponte a hacer algo productivo”, por mencionar algunos casos. Dichos factores, en determinado momento, nos condicionan a buscar constantemente que hacer y a descansar poco. morning

Si puntualizamos la definición del ocio según la Real Academia Española, nos encontramos que se define como: “la cesación del trabajo, inacción o total omisión de actividad; tiempo libre de una persona o diversión y ocupación reposada”. Por tanto, la connotación que le hemos dado a este concepto, no ha sido el más adecuado. Asimismo, en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, se asienta que toda persona tiene derecho al descanso y no debiera ser un privilegio solo para algunxs.

Cabe señalar que cuando hablamos de tiempo libre, es importante que parte de la propuesta del descanso implique emplear adecuadamente nuestro tiempo libre y para ello, como en la mayoría de los casos, la educación desde temprana edad, es la pieza clave para que este tiempo de ocio favorezca la creatividad, fortalezca los lazos afectivos con nuestras familias y amistades, previniendo en muchos casos problemas como las adicciones. El aprovechamiento del tiempo libre promueve valores como la tolerancia, la amistad y por tanto, la paz en nuestra y en otras naciones.

Descansar adecuadamente, es decir, hacer útil el tiempo de ocio, también favorece el descubrimiento del sentido de vida; desmitifica la tecnología, cuestiona la productividad como único fin, así como el consumismo, y promueve la educación permanente. Nos permite disfrutar lo gratuito en una atmósfera de comunicación, cooperación y contemplación, permitiéndonos el encuentro con nuestro ser.

¿Consideras que es posible descansar y llevar a cabo las acciones necesarias para ello? Compártenos tu opinión. person-802090_960_720

Referencias

Goñi, J. I. (2017). La educación internacional de la UNESCO en la gestión del ocio. Obtenido de UNESCO: http://unesdoc.unesco.org/images/0025/002527/252741s.pdf

UNAM. (s.f.). Necesidad del descanso y sueño. Obtenido de Material complementario. Enfermería comunitaria: http://mira.ired.unam.mx/enfermeria/wp-content/uploads/2013/05/necesidades.pdf