Ser Down, ser independiente

Por: Angeles Santiso

¿Qué es lo primero que piensas cuando ves a una persona con Síndrome de Down? ¿Tendrías inconveniente en sentarte junto a una persona con dicho síndrome? Si estuviera en tus posibilidades ¿contratarías a una persona con Síndrome de Down? La respuesta inicial que mucha gente daría a estas preguntas es que ven a personas encantadoras, que son como un regalo, que no tendrían problema alguno en sentarse juntos a ellas y que por supuesto que les darían empleo. Sin embargo, en la práctica cotidiana pareciera que nos ganan los prejuicios y los estereotipos acerca de lo que creemos que una persona con Síndrome de Down es capaz de hacer o no.

INCLUSIÓN EN EDUCACIÓN ORDINARIA DE PERSONAS CON SÍNDROME DE DOWN ES UN RETO

Las actitudes y los estereotipos surgen de manera automática y, sin que nos demos cuenta con facilidad, influyen en nuestra percepción, juicios y acciones resultando en decisiones incongruentes con lo que decimos. En muchas ocasiones, esto se debe a nuestra ignorancia, en otras a nuestros temores, y es por ello que es importante informarnos y abrir nuestra mente a la diversidad apreciando las diferencias y aprendiendo a adaptarnos a lo que a veces no somos capaces de comprender.

Partiendo de esta actitud, será más fácil abordar la necesidad y el derecho que tienen las personas con Síndrome de Down a desarrollar su autonomía y a vivir con independencia. Podríamos pensar que es un tema que atañe solamente a sus madres y padres, pero en realidad participamos directa o indirectamente en obstaculizar o facilitar estos procesos. El desarrollo de la autonomía personal y la vida independiente debe fundamentarse en la autodeterminación, y para lograrlo, se debe contar con las herramientas y destrezas que sean útiles tanto en el contexto familiar como social y laboral. Así, las personas con Síndrome de Down estarán dotadas de lo que requieren para acceder al empleo, participar de forma activa en la sociedad e independizarse de sus familias si así lo desean.

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Cada persona debe poder decidir el rumbo de su propia vida; la vida independiente es un derecho para quien quiera ejercerlo. El único motivo que excluye a algunos sujetos de este derecho es la falta de oportunidades, de accesibilidad y de recursos que den respuesta a sus necesidades y anhelos. La Convención Internacional de los Derechos de las Personas con Discapacidad en su artículo 19, hace referencia al derecho a vivir de forma independiente y a ser incluido en la comunidad, es decir, establece que todas las personas con discapacidad tienen derecho en igualdad de condiciones, a vivir con opciones iguales a las de las demás Es evidente que, para poder lograrlo, los jóvenes van a necesitar de oportunidades adecuadas y de apoyos adaptados a sus características.

Ahora bien ¿cómo podemos contribuir a que las personas con Síndrome de Down tengan una vida autónoma e independiente? Tal vez uno de los primeros pasos sea erradicar estereotipos, evitar generalizaciones y prejuicios, y modificar nuestras actitudes. En pocas palabras, cambiar nuestro sistema de creencias respecto a su capacidad para lograrlo, por ejemplo:

  • Dejemos de pensar que las personas con síndrome de Down necesitan un tipo de vida distinto al del resto de ciudadanxs. Tienen los mismos derechos que tú.
  • Que sólo necesitan relacionarse con otras personas con Síndrome de Down. No las excluyas o segregues de los entornos sociales.
  • Piensa que toda persona, sean cuales sean sus características personales, debe poder decidir sobre su propia vida
  • Defiende la diversidad humana como valor de una sociedad justa y democrática.
  • Exige que todos los entornos, productos y servicios de la comunidad sean accesibles; no esperes a ser tú quien necesite accesibilidad para hacerlo.
  • Rechaza y denuncia cualquier discriminación o vulneración de derechos.

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Las oportunidades principales que hacen posible la construcción de un proyecto de vida independiente son: una oferta educativa amplia, diversa e inclusiva, contextos de participación en la comunidad reales y significativos, la inserción laboral como puerta de acceso al mundo adulto, vías de acceso a una vivienda, la capacidad económica para acceder a bienes y productos que permitan satisfacer las propias necesidades y disponer de servicios de apoyo personalizados y flexibles. Si tienes una compañera en la escuela con Síndrome de Down, un vecino, un familiar, si trabajas en una institución, en una tienda, si vas en el transporte público, deja de pensar en ella como una persona necesitada y dependiente. La discapacidad (incluyendo el Síndrome de Down) no es sólo una condición propia de la persona, sino el resultado de la interacción entre las limitaciones humanas y el medio en el que nos desenvolvemos.