Entre hornos y batidoras

Por: Claudia María Santizo.

Este no es el Día de la Mujer, ni el Día de las Madres, y precisamente por eso me parece una ocasión ideal para honrar a las mujeres que luchan por ser la mejor versión de si mismas.

En el curso de repostería al que asisto llegamos cada tarde mujeres muy diferentes y, al mismo tiempo, con un mismo objetivo: dar lo mejor.

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La que tiene una hija con Síndrome de Down y decidió criarla igual a que a sus otr@s hij@s, siempre con la sonrisa bien puesta y ocupando todas las herramientas a su alcance para que crezca feliz.

La que agradece el haber crecido dentro de una familia con recursos limitados pero que disfrutó su infancia al máximo.

La que no se rinde y va por su segundo intento para estudiar una carrera profesional.

La que no quiere dejar de aprender.

La que busca un mejor futuro económico para su familia.

La que con su risa nos hace la tarde.

La que quedó viuda a los veintitrés años y sacó a sus hij@s adelante sola.

Clara, la que nos comparte sus conocimientos y también sus experiencias de vida.

Acremando mantequilla, así de suavecito empiezan a fluir las palabras, las anécdotas, los recuerdos  y te das cuenta que lo que todas estamos persiguiendo es lo mismo, superarnos y dar una mejor vida a nuestras familias.

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Vivimos en un sistema social en el que aunque hay avances, todavía existe mucha desigualdad, donde la labor de jefa de familia no se aprecia, no se remunera y en la mayoría de los casos tampoco se agradece.

En la que las oportunidades de emprender un negocio propio son pocas.

En el que generalmente laborar fuera del hogar implica doble esfuerzo, ya que la mujer que trabaja rara vez cuenta con el apoyo de la pareja para compartir la responsabilidad del cuidado de l@s hij@s…

Pero nada de eso nos impide seguir hacia adelante y tomar cada oportunidad que se presente, por pequeña que parezca, poniendo la mira en la superación personal. Y es en estos grupos de mujeres con objetivos claros, donde se desarrolla uno de los valores más hermosos, la SORORIDAD, el apoyo mutuo de las mujeres.

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Esa hermandad que nos anima a luchar por nuestros sueños, en la que nos abrazamos físicamente y también con el alma.

Esa chispa que prendemos entre todas para generar el fuego que nos da energía para seguir adelante.

Sin mayores pretensiones, el lazo que se crea compartiendo nuestras experiencias, sin juzgar, sin querer cambiar a nadie, solamente aceptando quiénes somos, de dónde venimos y animándonos a dar lo mejor.

Qué importante cultivar este valor en nuestros tiempos: mujeres que hacen fuertes a otras mujeres y las ayudan a lograr su empoderamiento.